Breves definiciones de la codependencia

La codependencia puede ser definida como una enfermedad, cuya característica principal es la falta de identidad propia. El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea. Si es dulce y agradable aunque no lo sienta, es porque busca aceptación. Cree que su valor como persona depende de la opinión de los demás. Da más importancia a los demás que a sí mismo. Se crea un yo falso, pues en realidad no está consciente de quién es y está tan desconectado de sus propios sentimientos, que asume la responsabilidad por las acciones de los demás. Se avergüenza por lo que hacen otras personas y toma las cosas de una manera personal. Invierte una enorme cantidad de energías en mantener una imagen o un estatus para impresionar porque su autoestima es muy baja, ya que depende del valor que los demás le otorgan.

La codependencia se origina en las familias disfuncionales y convierte a los miembros de esas familias en personas hiper-vigilantes. Al estar el ambiente familiar tan lleno de estrés debido a la violencia, la adicción al alcohol o a las drogas, las enfermedades emocionales de sus miembros etc.; la persona codependiente enfoca su atención hacia su entorno para defenderse de algún peligro real o imaginario. El estado de alerta es una defensa de nuestros cuerpos, algo temporal que nos ayuda a defendernos en momentos de peligro. Pero cuando ese estado se vuelve crónico, la persona pierde el contacto con sus reacciones internas, ya que todo el tiempo su atención está afuera de sí misma.

Los niños necesitan seguridad y tener modelos saludables para imitar, para poder entender sus propias sensaciones internas. También necesitan aprender a separar los sentimientos de los pensamientos y a generar autoestima ellos mismos desde su interior. Si el niño pierde el contacto con sus sentimientos, tratará de llenar sus necesidades con estímulos externos y se convertirá en un adulto codependiente.

Nota: Basado en información tomada del libro "Homecoming" de John Bradshaw.
Todo tipo de pseudo-amor es destructivo; uno de ellos es la codependencia.

Cuando una persona vive su vida a través de los demás y a costa de sus legítimas necesidades, va más allá de lo que exige el verdadero amor. Se quema hasta el punto de no quedar ya nada de ella.

Parece un noble empeño ayudar a otras personas que se están autodestruyendo, como en el caso de las esposas o novias de los alcohólicos o adictos a la droga, al juego o al sexo. Sin embargo, olvidamos ayudar a los codependientes.

Todo amor que no produce paz, sino angustia o culpa, está contaminado de codependencia. Ese tipo de amor patológico, de obsesión, es sumamente destructivo. Al no producir paz interior ni crecimiento espiritual, no lleva a la felicidad.

La codependencia crea amargura, angustia, enojo y culpabilidad irracional. El fruto del amor debe ser la paz y la alegría. Si no es así, algo anda mal. Somos imagen y templo de Dios. No debemos albergar en nuestro corazón ni angustia ni ninguna otra emoción dañina.

La codependencia nace de un hambre malsana de amor, quizás provocada por un ambiente familiar en que uno no se sentía amado. Se puede tener un hambre tan desordenada de amor, que nos impida dejar una relación humana negativa.

El dolor en la codependencia es mayor que el amor que se recibe. Hay que tratar de mantener una relación sólo hasta donde debamos y podamos. Debemos procurar mantenernos en la línea del quinto mandamiento de la Ley de Dios. Si una relación humana resulta perjudicial para la salud física, moral o espiritual, hay que cortar. La misma Iglesia Católica permite la separación de los casados cuando la vida en común se hace intolerable.

Una de las características de la persona codependiente es que no confía en la otra persona a la que trata de influir. Esto lo demuestra persiguiéndola, tratando de controlarla, diciéndole lo que tiene que hacer, etc.

La sobreprotección, signo de codependencia, a veces nace de la situación de una madre que ha perdido a su esposo. Hay madres que usan a sus hijos para llenar un vacío.

El codependiente no sabe quién es, lo que siente, cuáles son sus necesidades; vive como un ser vacío.

El verdadero amor promueve el crecimiento mutuo. El fin de todo ser humano no es complacer siempre a otro o ser lo que el otro espera de uno, sino ser el reflejo de Dios para los demás: lo que Dios le creó para ser.

La codependencia aparenta ser amor, pero es egoísmo, mutua destrucción, miedo, control, relación condicionada: "Te amo si cambias"; "Si no haces lo que digo, te recrimino, te persigo, me siento tu víctima." En la codependencia hay una gran cantidad de manipulación. Es una relación descontrolada: hagamos todo lo que sea para que esa persona se acomode a mí.

En momentos de frustración, la codependencia es abusiva o de tremenda tolerancia del abuso. La persona codependiente permite tanto que no reconoce el abuso cuando lo sufre. Ha llegado a tener una autoestima tan baja, que ya no se da cuenta de que están abusando de ella.

El codependiente necesita dar continuamente para no sufrir culpabilidad, ansiedad, enojo, miedo, etc. Necesita dar, sentirse necesario para tener autoestima. Está dominado por sentimientos enfermizos y no por la razón.

El amor humano debe ajustarse a la razón. Los codependientes se dejan llevar solamente por sus sentimientos. Su autoestima depende del comportamiento o reacción de los demás.

El codependiente debe recibir ayuda profesional y espiritual. Debe amarse ordenadamente a sí mismo, atendiendo a sus necesidades básicas.

Nota: Estos apuntes son de la charla de la Dra. Doris Amaya, psicóloga en la práctica privada en Miami y experta en adicciones y codependencia. Dicha charla fue dada durante un retiro de la Arquidiócesis de Miami, que tuvo lugar en dicha ciudad febrero ll de l996.

"La codependencia es una condición específica que se caracteriza por una preocupación y una dependencia excesivas (emocional, social y a veces física), de una persona, lugar u objeto. Eventualmente el depender tanto de otra persona se convierte en una condición patológica que afecta al codependiente en sus relaciones con todas las demás personas.

"El codependiente tiene su propio estilo de vida y su modo de relacionarse con los demás debido a su baja autoestima. Se enfoca siempre en los demás y no en sí mismo. La persona codependiente no sabe divertirse porque toma la vida demasiado en serio. Se le dificulta llegar a tener intimidad con otras personas porque teme ser herida por ellas. Necesita desesperadamente la aprobación de los demás y por ello busca complacer a todo el mundo. Siente ansiedad cuando tiene que tomar decisiones porque teme equivocarse. Niega sus propios sentimientos."
(Extractado del libro "Choicemaking" de Sharon Wescheider Cruse.)

Otras características de la persona codependiente
El hecho de que me pueda sentir bien conmigo mismo (a) depende de que yo te caiga bien a ti y tú me aceptes como persona. Tus luchas afectan mi serenidad.

Concentro mi atención en:

Resolver todos tus problemas, aliviar tu dolor, protegerte, manipularte para que lo hagas como yo quiero.
Mi autoestima aumenta resolviendo tus problemas y aliviando tu dolor.
Mis hobbies y mis intereses los dejo a un lado y me concentro en compartir los tuyos.
Tu ropa, tu apariencia personal y tu comportamiento los determinan mis deseos porque yo siento que tú eres un reflejo de mi propia persona.
No estoy conciente de mis propios sentimientos sino de los tuyos.
No sé lo que quiero pero te pregunto a ti lo que tú quieres. Si no lo puedo saber me lo imagino.
Los sueños que tengo para mi futuro están entrelazados con los tuyos.
Mi temor al rechazo determina lo que digo o hago.
Mi temor a experimentar tu ira determina lo que digo o hago.
Doy para sentirme seguro (a) en nuestra relación.
El círculo de mis amistades se hace más pequeño cuando me relaciono contigo.
Dejo a un lado mis valores para poder unirme a ti.
Doy más valor a tu opinión y tu modo de hacer las cosas que a los míos.
La calidad de mi vida está relacionada con la calidad de la tuya.
Las causas de la codependencia
 
En todas las familias existe cierta disfuncionalidad en mayor o menor grado. Alrededor de 100 millones de personas en EE.UU. tienen problemas de codependencia. A menudo las personas codependientes han sido objeto de algún tipo de abuso físico o verbal, o sufrieron el abandono de uno de sus padres o de ambos, ya sea físico o emocional. El codependiente busca alivio en alguna adicción para "anestesiarse" ante su dolor. A veces lo hace a través de relaciones personales disfuncionales y muchas veces dañinas; o mediante adicciones al dinero, el sexo, la ira, las drogas, la bebida, etc. El codependiente está atado a lo que le sucedió en su familia de origen y se siente internamente torturado por ello, aunque la mayoría de las veces no se da cuenta de lo que le está sucediendo.

Cada uno de nosotros tenemos una necesidad innata de recibir amor. Los consejeros de la Clínica Minirth-Meier en California le llaman a esta necesidad "el tanque del amor". Al nacer el niño, ese tanque está vacío. Si los padres son personas emocionalmente sanas cuyos tanques de amor están llenos, pueden llenar el tanque de sus hijos y estos crecerán y se desarrollarán psicológicamente sanos. Sin embargo, si uno de los padres o ambos no tenían lleno su propio tanque, lo más probable es que el niño no reciba suficiente amor porque su padre o su madre no lo tuvieron para darlo. Esta falta de amor deja cicatrices en el alma de los niños que llevan a ciertos comportamientos disfuncionales en la adultez, tal como la codependencia. El codependiente no puede dar lo que no recibió, por lo tanto, la codependencia se convierte en un círculo vicioso que continúa de generación en generación si no se busca ayuda.

Los niños de familias disfuncionales crecieron sin haber escuchado mensajes importantes de sus padres tales como; "eres muy inteligente", "estás haciendo un buen trabajo" o "gracias mi amor, agradezco mucho tu ayuda." Debido a ello al crecer se sienten abandonados, tienen baja autoestima y buscan la aprobación de otras personas para sentirse mejor consigo mismos. A veces su hambre de amor y aprobación son tan grandes al llegar a la adolescencia o la adultez, que están dispuestos a soportar cualquier cosa, con tal de recibir aunque solo sean "migajas" de cariño y atención.
Nota: Este escrito se basó en información obtenida del libro "Love is a Choice", de los doctores Robert Hemfelt, Frank Minirth y Paul Meier, psicólogos y/o psiquiatras de la Clínica Minirth Meier New Life Clinic (Tel: 1-800-NEW-LIFE), y/o de la Clínica Minirth (Tel: 1-214-669-1733).

 
Los límites y cómo establecerlos

Los límites emocionales nos capacitan para protegernos y nos permiten conocernos mejor a nosotros mismos. Por lo tanto, nos ayudan a relacionarnos con los demás. El poner límites nos ayuda a asegurarnos de que nuestro comportamiento es apropiado e impide que ofendamos a los demás o seamos abusados. Si hemos establecido límites normales, nos damos cuenta cuando estamos siendo maltratados. La persona que no ha puesto límites no se da cuenta de que está siendo abusada física, emocional o intelectualmente. Lamentablemente, los codependientes y especialmente los hijos de alcohólicos adultos y las personas que están siendo abusadas, permanecen en relaciones abusivas porque no han establecido límites a su comportamiento o al de los demás. Para poder recuperarse y recobrar su identidad y su auto respeto, estas personas necesitan establecerlos.

Los padres deben de ayudar a sus hijos a aprender a establecer límites desde que son pequeños. La forma en que un niño aprende es diciendo que no a veces, lo cual le ayuda a establecer su identidad personal. Los padres normales comprenden que las necesidades y los sentimientos de sus hijos deben de ser respetados. Sin embargo, en las familias disfuncionales (como por ejemplo cuando hay adicción), la atención la recibe la persona enferma o adicta y sus hijos amoldan su comportamiento para complacer a esa persona o para evitar disgustarle. Cuando los niños se enfocan en sus padres, pasando por alto sus necesidades y sentimientos, no adquieren los recursos necesarios para poder reconocer sus propios sentimientos, saber lo que piensan, quienes son, o para aprender a comportarse en ciertas ocasiones. Esto es precisamente lo que hace que la persona no tenga o ponga límites y se convierta en una codependiente.

En muchos casos los hijos de los alcohólicos temen las consecuencias si se niegan a hacer algo que ellos consideran injusto o inapropiado. Debido a esto quizás jamás aprendan donde terminan sus límites y comienzan los de los demás.
 
Los padres y las madres no violan deliberadamente los límites de sus hijos; lo hacen porque no tienen un claro sentido de su propia identidad o no comprenden la importancia de enseñar a sus hijos a poner límites. Cuando nuestros límites emocionales son violados, nos sentimos devaluados como personas y no podemos aceptar o dar amor de una forma normal y adecuada. Construimos muros en lugar de límites, e inclusive rechazamos los halagos que nos hacen y dudamos de cualquier persona que esté tratando de acercarse a nosotros.

La manera de comenzar a establecer o reconstruir nuestros límites emocionales es prestarles atención a nuestros sentimientos de vergüenza. Si la sentimos con ciertas personas, nos debemos de preguntar si nuestros límites están siendo violados y examinar nuestros sentimientos para poder saberlo. Si nos damos cuenta de que alguien los ha violado, debemos de decirle a esa persona que no podemos relacionarnos con ella porque nos sentimos mal, aunque en ese momento todavía no sepamos el por qué.

Es imprescindible que aprendamos a valorarnos a nosotros mismos y a consolar y cuidar al niño que todos llevamos adentro. Si los sentimientos de temor, ira o dolor nos agobian, debemos de buscar ayuda profesional. De ese modo conoceremos su origen y aprenderemos a cuidarnos, a valorarnos, y a establecer límites. Escribir en un diario por ejemplo, puede ayudar a las personas a conocerse mejor y saber lo que les gusta o disgusta y lo que desean llegar a ser.

A veces los límites espirituales han sido violados por padres que hacían afirmaciones a sus hijos tales como:

"Te vas a ir al infierno por pensar de esa manera."
"Dios te va a castigar por haber hecho eso."

Afirmaciones como estas ponen una idea errónea de Dios en la mente del niño, y le inspiran un temor que le impide crecer espiritualmente. Los padres son la imagen de Dios para sus hijos. Si los rechazan o los maltratan, les será muy difícil a estos creer que Dios es amoroso y bueno, puesto que aprendieron muy poco de sus padres sobre lo que es el amor, la bondad o el consuelo. El niño necesita todos estos para poder crecer y madurar normalmente.

Establecer o reparar los límites espirituales toma tiempo y paciencia, pero con la ayuda de Dios todo es posible. Recordemos siempre estas afirmaciones:

"Soy un hijo (o hija) amado(a) por Dios."
"Me está permitido equivocarme."
"Estoy protegido(a) y apoyado(a) por las amorosas manos de Dios."

Cuando comenzamos a establecer límites a veces encontramos oposición en los que están más cerca de nosotros, especialmente aquellos que violaron nuestros límites. Quizás hasta nuestra relación con ellos se deteriore temporalmente. Sin embargo, con el tiempo, según vayamos sanándonos, probablemente nuestras relaciones mejorarán.

Nadie más que nosotros mismos puede establecer los límites que necesitamos tener. El hacerlo quizás requiera ayuda o guía profesional; pero la responsabilidad total por hacerlo la tenemos cada uno de nosotros, individualmente.


El desprendimiento emocional y la codependencia
Por la Dra. María Gómez

Lo primero que debemos definir al hablar del desprendimiento emocional, son los términos "atadura emocional" o codependencia.

Decimos que existe atadura emocional cuando una persona se encuentra aferrada emocionalmente a cosas negativas o patológicas de alguien que lo rodea; sea esposo, hijo, pariente sanguíneo o político, compañero de trabajo, etc. Esta codependencia se manifiesta de dos maneras especialmente: un entrometimiento en las cosas ajenas que no le conciernen y, también, asumiendo las responsabilidades del otro individuo, lo que propicia un comportamiento irresponsable de su parte.

Una de las primeras cosas que uno tiene que hacer cuando se va a curar de la codependencia es empezar el proceso del desprendimiento emocional. No se trata de distanciamiento físico, aunque en los casos de violencia extrema, hay que recurrir a él. Sino, más bien, de no aceptar conductas inadecuadas como: adicción a las drogas, agresividad extrema, actos de rebeldía y maltratos.

Es muy doloroso cuando uno tiene que aconsejar a un padre el desprendimiento emocional de un hijo, y que este lo confunda con desamor, desinterés o ignorancia del problema. La mayoría de las veces, los padres reaccionan mal porque piensan que se les está indicando que dejen a un lado el dolor que la situación les produce. ¡No se trata de eso! Ningún terapeuta puede quitar el dolor a nadie; pero sí le puede quitar la necesidad obsesiva de intervenir, o de pretender tomar el control de una situación que se le ha salido de las manos.

Las personas que están atadas emocionalmente a alguien se sienten responsables por cada una de las cosas que hagan o dejen de hacer los otros. Y piensan que pueden tener el control o pueden evitar que esa persona llegue a actos de irresponsabilidad como por ejemplo: drogarse o conducir en estado de ebriedad. El codependiente, entonces, se vuelve protector. Está siempre tratando de averiguar que pasará, dónde estará, con quien estará, que estará haciendo. Y deja de vivir su vida para vivir en función del otro. Esto afecta su entorno, sus relaciones sociales, familiares y laborales y, hasta su salud. Es un comportamiento patológico. Es una enfermedad.

Entrar en el proceso de desprendimiento emocional es indispensable para mejorar la autoestima de cualquier paciente, pero es necesario también, que esa disposición nazca de sí mismo. ¿Por qué? Porque ninguna persona puede empezar a trabajar autoestima, ni puede cuidarse, ni menos quererse, si primero no hace un distanciamiento de la persona que la está agrediendo. Y por mucho que se preocupe, por mucho que sufra, no va a lograr nada. No hay madre o padre que por medio de amenazas, lloros o ruegos, logre que su hijo deje su adicción a las drogas o las malas compañías. Por eso hay que aprender a desprenderse totalmente.

Una de las primeras cosas para empezar un desprendimiento emocional es tener conciencia de que uno está atado emocionalmente a alguien. Desprenderse emocionalmente es no entrar en el juego, no prestarse para ser abusado, ni de palabra, ni de obra. Si usted ya conoce el problema, no se exponga, corte por lo sano. En muchos casos la solución esta en la oración. Dejar que Dios haga su obra. Él siempre tiene armas más eficaces que nuestras pobres fuerzas. Nosotros tenemos que hacer nuestra parte y, muchas veces, nuestra parte es no hacer nada. O hacerlo de una manera positiva, diferente. Cambiar la estrategia: Mira fulano, ¿sabes qué? He asumido otra postura en mi vida. De ahora en adelante, no te voy a admitir ningún maltrato ni grosería. Te quiero muchísimo y estoy dispuesta a ayudarte en todo cuanto esté a mi alcance, pero no soportaré por más tiempo tu mala conducta. Tú sabes que necesitas una terapia, así que cuanto antes, mejor. Eso es desprendimiento. No hay lamentos, no hay reproches, no hay imposiciones. Das una solución pero al mismo tiempo, tomas distancia del problema.

Desprendimiento no es falta de amor. Desprendimiento es: ya no puedo con esta situación, ya no tengo ningún control sobre ese hijo, sobre ese marido, sobre ese problema. Por más que he tratado de ayudarlo no he podido. Cuando no se pueden cambiar las cosas que suceden a su alrededor, es más sano empezar a mirarlas de otra forma. Al cambiar la percepción de las cosas, logrará que ellas no lo maltraten y sacará provecho de ellas. Eso es crecimiento. Es el momento de empezar a trabajar con uno mismo y la única forma de lograr el cambio de los demás. Un cambio de actitud hace que las personas que nos rodean se movilicen hacia un cambio también, para tratar de amoldarse a la nueva situación. Esto es sano.

Si continúa atado emocionalmente, su vida se desbarata, porque tiende a vivirla desde la anormalidad del otro. Eso es precisamente codependencia. Y el tratamiento es el desprendimiento emocional. Los pasos para ese desprendimiento son:

1) Tomar conciencia del problema. Es darse cuenta de que está atada emocionalmente. ¿De qué manera me doy cuenta? Cuando el problema me envuelve todo el día y no dejo de pensar en él, cuando estoy siempre buscando la forma de resolverlo. Es decir, cuando mi mente, mi cuerpo, mi energía, están en función de una situación que atañe a otra persona, y no lo puedo evitar. Estoy viviendo en función de otra persona, y esto es desgastante, negativo, improductivo.
2) La determinación de una recuperación. Voy a recuperarme, cueste lo que cueste. Así tenga que curarme del amor, o del desamor.
3) Buscar ayuda. Espiritual y terapéutica. Porque, toda persona que se enrede en una atadura no está bien psicológicamente, y mucho menos lo está, quien se deja enredar. O sea que en este paseo hay dos enfermos: el que enreda y el que se deja enredar.
Aunque busque ayuda terapéutica, sin ayuda espiritual nadie puede lograr el desprendimiento emocional. Porque, los que son padres, saben cuan doloroso resulta separarse de un esposo y hacer el desprendimiento emocional correspondiente, cuanto más con un hijo. Resulta desgarrador. Dios es el Único que puede ayudar a pasar ese dolor. Al terapeuta se va una vez. Dios, en cambio, permanece siempre con nosotros, día y noche. Solo Él puede ayudar a desprenderse y sana la herida producida por el maltrato.

Recuerde: no hay amores genuinos hasta que no exista un amor propio verdaderamente sano. Si no nos amamos a nosotros mismos, no podemos amar a nadie y todo lo que demos a los demás será dañino, neurótico; solo servirá para ayudar a crecer la anormalidad de la otra persona.
El desprendimiento no se da de un día para otro, tarda mucho. Pero poco a poco se va logrando. No gaste su vida en cosas ajenas que no puede resolver, o que no le corresponde hacerlo. Esto no es falta de caridad. Mejor dicho, sí es falta de caridad (amor) con usted misma. !Buena! Usted que se pasó el día y la noche, y tal vez la vida entera, ayudando inadecuadamente a una persona.
Esto significa que a la primera persona que usted tiene que ayudar adecuadamente, es a usted mismo, o a alguien que esté atado emocionalmente. Porque la persona codependiente, o la persona controladora, o la persona salvadora, tiende a actuar así con todo el mundo, y nunca deja un espacio para ella. Para cuidarse, para respetarse, para tenerse en cuenta, para decir no. Siempre tiende a subirse en el tren de cualquiera que esté mal. Esto demuestra su baja autoestima.
El remedio está, pues, en valorarse y en aceptar que por mucho que usted haga, no puede evitar el comportamiento inadecuado de la otra persona. Solo esa persona puede hacerlo y, casi siempre, dispone de los medios necesarios. Solo tiene que buscarlos. Solo tiene que querer hacerlo.


Preguntas del público

A una pregunta de una madre angustiada por el comportamiento rebelde de su hijo de doce años, que fue abusado por su padre desde muy pequeño con golpes y gritos, la doctora responde: La agresividad, solo genera más agresividad.

"Recuerden que, en los hogares disfuncionales donde ha habido mucha agresividad, la reacción "normal" de ese niño, pasado por patrones inadecuados, es de agresividad. Y la única terapia para eso es el amor. Con amor se consigue todo. Un adulto puede poner freno al daño que le están causando, un niño no. Si el niño solo recibe ofensas y maltratos, eso es lo que aprende; él no tiene filtro, no tiene defensa. Si encima, al comenzar a actuar como le enseñaron, los padres y maestros lo acusan constantemente por su mal comportamiento, lo único que van a generar en él es una mayor rebeldía. Él no puede entender por qué razón no puede actuar como lo hicieron sus padres.
Hay muchos niños abusados mal diagnosticados como Attention Deficient Disorder, y tomando Ritalin, porque para padres y terapeutas resulta mucho más fácil ponerle ese rotulo al niño, que sentar a los padres en el banquillo de los acusados y buscar la causa del problema. La solución a estos problemas de abuso es buscar ayuda. Con el sacerdote, con el terapeuta, con los distintos grupos donde le den apertura y se permeabilicen para cambios. Para preguntarse: si estoy involucrado en esto, estoy sometido a una atadura emocional. ¿Quiero seguir ahí? O...!Quiero cambiar!


¿Cómo se cura la codependencia?


Hay ciertos pasos que el codependiente debe tomar, para poder llegar a curarse. Lo primero es, por supuesto, reconocer que existe este problema. A veces los propios psiquiatras y psicólogos (sobre todo en Latinoamérica), no conocen los síntomas de esta enfermedad y no saben cómo tratarla. Existen varios libros traducidos del inglés que pueden ser útiles tanto a los profesionales como a los codependientes que acuden a ellos, tales como:
"Codependencia", por Melody Beattie. Este es el primer libro que deben leer las personas que sean codependientes y estén buscando ayuda (Atlántida/Promexa de México). Existen traducciones de otro excelente libro en inglés de la misma autora titulado "Codependent no more" tituladas "No seas más codependiente" y "No más codependencia". También están disponibles "El lenguaje del adiós" (meditaciones diarias para la recuperación del codependiente, de Editorial Patria, S.A. de C.V. Promexa ); "En busca del hogar interior" (EDAF) y "Guía de los doce pasos para codependientes" (PROMEXA).
"El lenguaje del adiós", también por Melody Beattie. Estas son meditaciones diarias para la recuperación del codependiente. Lo publica Editorial Patria, S.A. de C.V. (Promexa) Renacimiento 180, Colonia San Juan Tlihuaca, Delegación Azcapotzalco, C.P. 02400, México, D.F.

En la sección "Libros que podrían serte útiles" se mencionan otros libros que también serán de gran ayuda a las personas codependientes y a los que les aconsejan.

Para el codependiente, el primer paso a tomar es comenzar a mirar hacia adentro. Es decir, reconocer que está sintiendo un dolor interior, el cual probablemente es lo que le ha llevado a la codependencia. Dicho dolor posiblemente proviene de daños emocionales y/o físicos que sufrió en su infancia o adolescencia.

El segundo paso es buscar ayuda profesional. Puede acudir a un psiquiatra, psicólogo, sacerdote, pastor, etc. Esta ayuda es muy importante para la recuperación, como también lo es, el unirse a un buen grupo de apoyo. El codependiente debe recibir consejería de ser posible todas las semanas durante el tiempo que determine el o la psiquiatra o psicólogo, para poder resistir la tentación de la adicción a personas, cosas o comportamientos indebidos. Sin embargo, debe recordar siempre que puede volver a caer en comportamientos codependientes aún después de considerarse curado. Por ello es importante que trate de participar en un grupo de apoyo si todavía necesita esa ayuda y si es necesario, que vuelva a recibir psicoterapia.

El próximo paso que debe tomar el codependiente después de haber comenzado la consejería, es permitirse a sí mismo experimentar en toda su intensidad, el dolor que lleva adentro. A continuación debe comenzar a examinar las causas.

La primera reacción de las personas ante un hecho doloroso es la negación, pero el codependiente no puede curarse hasta que no salga de su negación. La segunda reacción ante el dolor es la ira, primero hacia los demás (las personas que le hirieron) y después hacia sí mismo por haberlo permitido. Finalmente llega el llanto, el cual es bueno para ayudarnos a sanar. Al ir progresando la terapia, poco a poco la persona va sintiendo menos dolor, hasta que en la mayoría de los casos con el tiempo, este desaparece totalmente.

Es imprescindible que la persona codependiente logre hacer buenas amistades y compartir con ellas de una manera sana. Ellas serán su más importante "grupo de apoyo", después de su familia. A veces es necesario romper con viejas amistades que perjudican o impiden la curación. En algunos casos también es necesario que un médico le recete medicinas al codependiente, sobre todo si se trata de un alcohólico o drogadicto.

Sin embargo, aunque todos estos pasos ya mencionados son imprescindibles para obtener la curación, el paso más importante es establecer una relación personal con Jesús. Sólo El puede curarnos por completo, llenar todas nuestras necesidades emocionales y espirituales, y darnos la paz "que sobrepasa todo entendimiento". La codependencia es un hambre espiritual que sólo Jesucristo puede calmar; un hueco en el alma, que sólo Dios puede llenar. Leer la Biblia diariamente, orar, ir a la iglesia y para los católicos recibir los sacramentos (especialmente la confesión y la comunión), constituyen la base principal de la curación.

Algo que también es de gran ayuda es colocar versos bíblicos favoritos en lugares visibles como el espejo, el refrigerador, etc.; para poder leerlos se sienta tentado, triste o deprimido. El codependiente necesita reprogramar su mente con cosas positivas y sanas y muy especialmente, recordar cuánto le ama Dios y lo mucho que vale como hijo de El. Leer el Salmo 8 por ejemplo, es una excelente manera de elevar la autoestima:

"Cuando veo el cielo que tú mismo hiciste, y la luna y las estrellas que pusiste en él, pienso: ¿Qué es el hombre? ¿Qué es el ser humano? ¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él? Pues lo hiciste casi como un dios, lo rodeaste de honor y dignidad, le diste autoridad sobre tus obras, lo pusiste por encima de todo..."

Y por último, el tener la determinación y la valentía de estar dispuesto a cambiar los patrones de comportamiento, es imprescindible para poder obtener la curación.

http://www.vidahumana.org/vidafam/violence/codepend.htm